La posibilidad de continuar con los estudios en un ambiente parecido al de un hogar, similar al de una familia, alegre por la compañía infantil, estable por la bonita convivencia, es una gran oportunidad para unos cuantos estudiantes que carecen de los medios necesarios.
Por segundo año consecutivo, la Comunidad de Madrid ha ofrecido 52 becas de residencia a jóvenes estudiantes. Se trata de ofrecerles un hogar donde alojarse y donde ellos sólo tienen que convivir con menores tutelados. Ya ya está. La convivencia se encargará de lo demás.
El hecho de que jóvenes responsables que quieren formarse para mejorar su formación profesional vivan con menores tutelados ya es un buen ejercicio. Los menores tendrán en ellos un modelo, un ejemplo a seguir, podrán ser algo parecido a un hermano mayor, a quien admirar, preguntar, seguir de cerca e, incluso, alguien con quien pelearse. Como parte del juego, de la convivencia entre ‘hermanos’.
Las ayudas están destinadas a estudiantes mayores de 21 años que residen fuera de la región o quizá en un municipio de Madrid, alejado o mal comunicado con el centro de estudios. También podrán beneficiarse alumnos extranjeros con escasos recursos. Todos ellos deben cursar enseñanza superior.
Como es lógico, pueden acceder a estas becas aquellos jóvenes que durante su infancia y adolescencia hayan estado tutelados por la comunidad y ahora, superada la mayoría de edad, desean continuar sus estudios o incorporarse al mundo laboral.
De esta manera, día a día, la convivencia en las 18 residencias donde viven 566 menores tutelados, comienza a cambiar gracias a un nuevo inquilino que les regalará a los menores otra forma de ver la vida. A cambio, este huesped podrá estudiar y convivir con un mundo también real, con niños que también le enseñan otras formas de existir.
Los estudiantes disfrutarán del alojamiento y la manutención a cambio de integrarse en la vida diaria de este pequeño hogar, sin vinculación laboral alguna, pero con una importante aportación.
Tras la experiencia de otros años, los responsables de esta iniciativa afirman que este programa tiene una influencia muy positiva en el desarrollo de los menores, ya que los estudiantes suponen un estímulo y un modelo de conducta a imitar por los niños en aspectos tan importantes como la necesidad de formarse, de prepararse para el futuro y afrontar nuevos retos.


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